Expresión y Significación cubre cuatro capítulos. El primero se titula Las distinciones esenciales. Esta vez trataremos los dos primeros parágrafos. En esta sección, Husserl trata de la distinción entre expresión y signo y de la función indicativa de las señales. Husserl aún no trata aquí de la función significativa de las expresiones en un análisis concreto, pero avanza hacia ello.
La primera distinción que Husserl hace es la siguiente: no deben confundirse expresión y signo. Para hacer esta distinción, debe hacerse clara la esencia de ambas. Husserl parte con ciertas consideraciones, en verdad preliminares. Todo signo es signo de algo (tiene una estructura intencional, en el sentido semántico), pero no todo signo tiene un sentido expresado por él, y esto es ser una expresión. En un sentido restringido para el término `signo’, el de señal (indicación), el signo cumple una función indicativa. Un signo tal puede, además, cumplir una función significativa, ser expresión. En el habla cotidiana, por ejemplo, toda expresión es más o menos una señal (luego, en el parágrafo 7, veremos de qué). Esta posibilidad no determina que ‘signo’ y ‘expresión’ estén en la relación de género y especie. Podríamos ver esto en que puede haber expresiones que no funcionen como señales.
Hay que considerar todo esto en mayor profundidad; es claro que cuando se habla de función indicativa o función significativa, falta aún la determinación de su significado: ¿qué es para algo cumplir una función indicativa? ¿qué es cumplir una función significativa? En el parágrafo 2, Husserl ataca la primera pregunta.
Consideremos (seguimos los ejemplos de Husserl) una bandera como signo de una nación, un estigma como signo de un esclavo, y también, un logo como signo de una empresa. Todos ellos son, así considerados, en general “característicos” de otra cosa. En este mismo sentido puede hablarse de “notas”, propiedades características, distintivas. Este es un sentido en que se habla de signo, pero uno limitado. Lo que sea cumplir una función indicativa no se reduce a esto.
Husserl procede a darnos una serie de ejemplos de signos en un sentido más amplio que el anterior. Nosotros añadiremos algunos más, y quitaremos otros. Unas marcas en el suelo son signo de que algo pasó por allí. Los fósiles son signo de la existencia de seres vivos en el pasado. Son signos también los monumentos, los signos memorativos (una cruz en un calendario, por ejemplo). A todo esto lo llamamos “signo”, pero en general llamamos “signo” a todo lo que creamos con el propósito de que cumpla una función indicativa, sea este propósito cumplido o no. Sin embargo, un signo indicativo en sentido propio, nos dice Husserl, es sólamente aquello que efectivamente sirve de señal de algo, para un ser pensante. ¿En qué consiste, en fin, el ser señal, en este contexto?
Cuando hay un signo indicativo en sentido propio, es el caso que ciertos objetos o situaciones objetivas de las que alguien tiene conocimiento actual, le indican a este alguien la existencia de otros objetos o situaciones objetivas determinadas; la convicción de la existencia de los primeros motiva la convicción o presunción de la existencia de los segundos (perdónese la paráfrasis), de tal modo que se dice que los segundos son “porque” los primeros son. Discutiremos en otra oportunidad lo que esto significa.