Experimento Mental vs. Experimento Imaginado
[Este podría ser el punto de partida para un futuro paper.]
El jueves pasado, revisando la paradoja de Olbers en una de mis clases (“Filosofía de la Mente: Experimentos Mentales”), me surgió la duda de si el argumento en realidad podía ser considerado un experimento mental, como lo hacíamos, siguiendo a Andrew Irvine en su artículo Thought Experiments in scientific Reasoning. Mi duda se debía a que en la paradoja como Irvine la describe, no se realiza ningún procedimiento experimental; si las situaciones descritas en ella hipotéticamente fueran realizadas no diríamos que ellas constituyesen un experimento en absoluto. No es pues, un experimento imaginado. Pero Irvine nos dice que es un experimento mental. Así que ambas cosas no pueden coincidir. El punto es cómo es que no coinciden.
El problema general es el de determinar un criterio de satisfacción para que algo sea un experimento mental, en oposición a otra cosa. El artículo de Irvine es de hecho un intento de resolver la cuestión. En particular, intenta distinguir los experimentos mentales de otras formas de razonamiento hipotético (al menos eso se concede, que un experimento mental es una forma de razonamiento hipotético). La caracterización de Irvine parece apuntar a caracterizar el lugar de los experimentos mentales en las ciencias, en los cuerpos de la teorías y frente a ellos (porque si bien los experimentos mentales surgen a partir de una teoría ya establecida, pueden contribuir a su crítica). Diríamos que Irvine propone caracterizar los experimentos mentales con propiedades que son externas a cada caso de experimento mental.
La postura de Irvine es opuesta a la de, por ejemplo, James Brown (cf. su artículo sobre experimentos mentales en la SEP). Brown pone énfasis en la estructura interna de los experimentos mentales; una de las maneras en que los caracteriza es la siguiente: We visualize some situation; we carry out an operation; we see what happens (Visualizamos una situación, llevamos a cabo una operación y vemos qué pasa.) Esta caracterización tiene appeal intuitivo. “Ver” y “visualizar” tienen que entenderse algo así como “ver con los ojos de la mente”, o bien, imaginar. Y en este caso, la diferencia entre un experimento real y uno imaginado, entendiendo por experimento aquello que se lleva a cabo, la suma de operaciones imaginadas, radica en el medio en que se llevan a cabo: en los primeros en la naturaleza, en los segundos en la mente. Sin embargo, como Irvine apunta, Brown distingue también entre los experimentos mentales y los experimentos “meramente imaginados”; los primeros tendrían una naturaleza contrafáctica.
En lugar de comentar las opiniones de otros, deberíamos presentar nuestras propias opiniones, hacer nuestras propias observaciones y distinciones; o ir a dormir (son las 3 de la mañana).